Somos el eco de una revolución. Las voces de todos aquéllos que no han sido escuchados jamás. Los miedos acumulados de una sociedad sometida, de miles de jóvenes que ven sus ilusiones perderse en el medio de una falsa democracia.
El tiempo pasa en las calles de una ciudad oscura y abandonada. Y nosotros tratamos de no perdernos en cada esquina, en cada calle. Clamamos ayuda a gritos, y nada. A nadie le importamos. El mundo dejaría que muriésemos entre los brazos de la más infinita miseria.
Los ecos de nuestros gritos morirán entre las nubes de tormenta.
Nadie nos escucha.
Pero eso sí.
Nuestras voces mueren.
Pero el día que se escuchen, el mundo cambiará. Todos temblarán ante nuestro poder.
Algún día, conseguiremos lo que queremos. Lo que siempre hemos querido.
El día que a alguien le importe quienes somos, camaradas, tocaremos el cielo.
El día que seamos alguien, se nos abrirán las puertas del paraíso.
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