La magia de la cafeína reside en el efecto que tiene en mi
cuerpo. Revitalizante sin llegar a resultar hiperactivo. Es como despertar sin
darte cuenta de un letargo que ha durado demasiado.
Y ahora, después de una eternidad de inviernos, siento que
mi propio letargo está acabando.
Hace tanto viento hoy que siento que todo podría salir
volando en cualquier momento. Incluso los problemas. Sobre todo los problemas.
¿Será cierto esta vez? Probablemente no. ¿Pero qué importa
eso, en realidad? Quiero decir, un minuto sin problemas es un minuto sin
problemas. Aunque sólo sea uno, es mejor que nada. Y cuando ese minuto acabe,
ya me buscaré la vida para añadir un minuto más a mi cuenta personal. Ahora soy
consciente del valor que un minuto de felicidad tiene. Y sé que no puedo
menospreciarlo.
¿Qué habrá tormentas mayores? Sin duda. Pero eso será en
otro mar, en otra tripulación, y seguramente a bordo de un barco distinto, y
entonces no se tratará de la misma tormenta. Pero tendré que salir de ella de
todos modos.
Siempre habrá tormentas, siempre habrá mares agitados,
siempre habrá tripulaciones que abandonen el barco, dejándote a ti a merced de
la tormenta. Y tienes que ser consciente de que sola o no, tienes que salir.
Que no hay rayos lo bastante fuertes u olas lo bastante altas como para
hundirte a ti con el barco. Siempre hay que salir a flote, siempre. No importa
que no haya barco, o tripulación. Ni siquiera importa que haya tormenta si
recuerdas el camino a la orilla.
No veo tierra firme. Todavía queda mucho hasta ver tierra
firme. Pero es... como oír gaviotas.
Sólo debo nadar un día, una semana, un mes más.
La orilla no se va a mover, no va a alejarse. Pero tampoco
va a acercarse, así que depende de mí. Siempre lo ha hecho.
Oigo gaviotas. Y mientras las oiga, sé que estoy bien, que
estoy viva, que estoy cerca.
It won't take long.
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