Le di mi vida a la Muerte. Se la ofrecí, no me la arrebató; se la ofrecí porque prefería morir que aceptar que el dolor nunca acabaría. Nunca fui de los valientes. Ella la aceptó. Se la llevó y fue sucio, precipitado. Todo se convirtió en un caos infinito e interminable, agónico. Me llevó demasiado tiempo ser consciente de que ni siquiera la Muerte podía darme paz. Vagué por sus dominios durante meses, sola en un lugar oscuro y frío y desconocido, sufriendo todavía; preguntándome por qué incluso muerta, el dolor seguía ahí. Así que huí de él. No era fácil, me perseguía; no podía esconderme. Pero el invierno acabó, y el sol comenzó a salir en los dominios de la Muerte. Y entonces, de repente, sin quererlo, sin esperarlo; lo supe.
I had been alive all along.
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