Los pescadores de los pueblos cercanos subieron a sus barcas a pocas personas y muchos cadáveres los primeros dos días. Poco a poco la historia se convirtió en eso, en una historia; la historia de cómo una mañana de noviembre los restos de lo que había sido un navío habían aparecido encallados entre las rocas cercanas a las islas.
La historia pasó de unos a otros, cada uno añadía su punto de fantasía; y para el principio del invierno, ya nadie recordaba cuál era la historia real.
Y así fue cómo me lo contaron. Porque yo estuve allí, yo fui de ésos que subieron a las barcas; todavía con aliento en el pecho. Pero yo no lo recuerdo. No recuerdo nada de antes de despertar. Días después del naufragio, mi familia apareció; y sí, tenían recuerdos, imágenes, una historia. Tenía un hogar, y un nombre; vivía en un pueblo, al lado del mar. Me contaron que era inteligente, y valiente; que me gustaba ayudar a los demás. Me dijeron que pasaba mucho tiempo escuchando al mar, paseando entre las barcas de pescadores.
Pero yo ya no soy esa persona.
Porque no recordaba quién era, no recordaba mi hogar; no recordaba lo que era vivir sin cicatrices y un dolor lacerante en la pierna derecha. No recordaba lo que era no tener miedo de la oscuridad y los lugares pequeños, no recordaba poder pensar en el mar sin sentir algo que no fuese pánico. Esa persona no era yo.
Así que huí. Huí lejos, huí a una ciudad donde la mención del mar era poco menos que una burla; donde nadie manejaba el lenguaje de los pescadores y no sabía más que la palabra "ola" para referirse a una ola. Y me quedé aquí. Y aquí estoy. Cada día me intento convencer de que la persona que soy y la persona que fui son en realidad la misma; pero no siempre es fácil. No siempre es fácil creer, no siempre es fácil no tener miedo; no siempre es fácil volver al mar. Pero tampoco es fácil dejar de sentir que es parte de mí.
Tal vez ya no sea la misma persona. Tal vez tema al mar en vez de adorarlo, tal vez no recuerde haber nacido a su lado; haber crecido a su lado, tal vez yo tampoco maneje el lenguaje de los pescadores.
Pero el mar me creó.
Naufragué, y eso creó a la persona que tengo hoy ante mí.
Para bien o para mal, ese naufragio fue lo que me trajo aquí.
Tal vez yo no sea la misma persona que ella fue; pero el mar que le quitó la vida, me la dio a mí. Y por ella o por mí, o por ambas; voy a vivirla.
Oigo gaviotas.