Los cuentos de hadas no existen.
Si tus padres, tu madrastra, o tus hermanastras te maltratan, nunca habrá un príncipe azul para rescatarte. Más bien sufrirás en silencio, en la oscuridad de tu habitación. Mientras el tiempo pasa, y tú no puedes hacer nada más que dejar caer tus lágrimas.
Cuándo una princesa intenta escapar por la ventana de su torre, siempre estará ahí el príncipe azul para recogerla antes de llegar al suelo. En la vida real, si huyes asustada por la ventana de tu habitación, nadie podrá evitar el dolor que sentirás al llegar al suelo.
En los cuentos siempre luce el sol.
Seguramente en ese momento en el que la desolación se apodere de tu vida, lloverá. El día será gris. Quizás incluso sea de noche. Hará frío. Sentirás que te mueres. Y que no tienes otra salida. Querrás acabar con todo.
Si mueres, no habrá ningún príncipe azul que te despierte con sus besos.
Y claro. Ese príncipe azul no te querrá por encima de todo. En principio exigirá 1,70 de altura, con curvas de infarto, y a poder ser, una delantera prominente.
Seguramente, el corcel blanco, si existe; será un viejo coche con amortiguadores chirriantes. Seguramente, la bella pradera verde al amanecer, no será más que una explanada de asfalto coronada por el olor de la polución.
Y para qué negarlo.
Tu primer beso, difícilmente será el mejor de tu vida.
No siempre te tratarán con cariño. No todo será bonito.
Sufrirás. Y no siempre encontrarás algo que compense todo tu sufrimiento.
No será para siempre. Casi nunca lo es.
Seguramente, el corcel blanco, si existe; será un viejo coche con amortiguadores chirriantes. Seguramente, la bella pradera verde al amanecer, no será más que una explanada de asfalto coronada por el olor de la polución.
Y para qué negarlo.
Tu primer beso, difícilmente será el mejor de tu vida.
No siempre te tratarán con cariño. No todo será bonito.
Sufrirás. Y no siempre encontrarás algo que compense todo tu sufrimiento.
No será para siempre. Casi nunca lo es.
Y sí. Los cuentos de hadas no existen.
¿Pero vamos por eso a negarnos la posibilidad de ser felices? ¿Vamos acaso por eso a negar la existencia de cosas que merecen la pena?
Cosas buenas siempre quedarán en nosotros.
Y cuándo huyas, lo primero que pensarás será "¿A dónde voy?". Así que te quedarás. Aguantarás un día más. Y seguirás adelante.
Y es que una vez el soldado se enamoró de la reina. Y a nosotros nos contaron que su amor fue imposible. Y que ambos murieron de tristeza, con el nombre de la persona amada en los labios.
Pero nadie nos contó que en realidad, el soldado se llevó a la reina dónde nadie les encontró jamás. Ella perdió todo lo que tenía, y nunca más pudo llevar su corona. Pero eso no importa.
Y ahora, aquí; entre asfalto, viendo la lluvia caer, yo sólo puedo pensar que lo que tenga que ser, ya será.
¿Pero vamos por eso a negarnos la posibilidad de ser felices? ¿Vamos acaso por eso a negar la existencia de cosas que merecen la pena?
Cosas buenas siempre quedarán en nosotros.
Y cuándo huyas, lo primero que pensarás será "¿A dónde voy?". Así que te quedarás. Aguantarás un día más. Y seguirás adelante.
Y es que una vez el soldado se enamoró de la reina. Y a nosotros nos contaron que su amor fue imposible. Y que ambos murieron de tristeza, con el nombre de la persona amada en los labios.
Pero nadie nos contó que en realidad, el soldado se llevó a la reina dónde nadie les encontró jamás. Ella perdió todo lo que tenía, y nunca más pudo llevar su corona. Pero eso no importa.
Y ahora, aquí; entre asfalto, viendo la lluvia caer, yo sólo puedo pensar que lo que tenga que ser, ya será.

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