El día que de tu cuerpo sólo quede un bonito cadáver, adornado con flores y cintas de colores, ya no valdrá de nada.
Ya no podrás hacer todas esas cosas que te morías por hacer.
Por aquel entonces, si es que tú y yo seguimos siendo aunque sólo sea "conocidos", me pasaré por tu funeral, dejaré alguna que otra flor, y me iré. Sin lágrimas.
Si crees que lo hago porque ya no me acuerdo de lo que pasó, no. Sí, sí me acuerdo.
Siempre me acordaré.
Simplemente me parece absurdo estropear todo lo que tuvimos, con lágrimas.
Hasta siempre, compañero.
Nos vemos la próxima vez que el cielo estalle en llamas.

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