Hay batallas que simplemente tenemos que librar.
No se trata, evidentemente, de un baño de sangre entre espadas y caballos desmembrados, es mental, o como dicen por ahí, una metáfora.
Llegan por sorpresa, sin que nadie las anuncie. Arrasan con todo lo que pueden, y a veces, son tan fuertes que o les haces frente, o podrán arrasar con todo. Y por eso hay que librarlas.
La mayoría de las veces están en tu cabeza, sin más. ¿Le hablo o no le hablo, se lo pido o no se lo pido, vainilla o chocolate?
Pero a veces, son tangibles. A veces nuestras tormentas son tormentas cálidas o frías, dulces, sinceras, altivas o simplemente indiferentes. Hay personas que pasan por tu vida como una brisa marina, como un cálido viento veraniego. Pero hay personas que son eso, tormentas.
Y sabrás que has ganado cuando la tormenta merezca la batalla.
Me asustan las tormentas.
Pero debo luchar con, contra y por ellas.
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