Fate.

Si tuvieses alguna forma de planificar tu vida de forma totalmente segura, ¿lo harías?

No está en mis planes mentir y fingir que no soy una de esas personas que lo planifican absolutamente todo. Que quieren tener un horario, y una rutina, y a las que no les gusta que se les avise de los planes con dos horas de antelación porque tienen una vida a la que las alteraciones repentinas no le sientan bien. Me hago horarios, tengo un calendario colgado en la pared, y me organizo por escrito siempre que el volumen de cosas a hacer supera mi capacidad mental. Reservo los viajes nacionales con tres meses de antelación y los internacionales con nueve. Hago listas siempre que tengo que hacer maletas o ir al supermercado, porque puedo entrar en pánico si me olvido de algo. Estudio con esquemas, organizo mis pintauñas por colores y no mezclo las bragas con los calcetines en el cajón de la ropa interior. Me gusta planificar, me gusta saber dónde, cómo y por qué está todo. Me aterra pensar en perder el control, y en cuanto algo se me escapa mínimamente de las manos entro en pánico. Podríais pensar que la respuesta está, entonces, clara.

Pero tampoco está en mis planes mentir y fingir que las cosas no se pusieron feas.

Si hace cinco años alguien se hubiese sentado ante mí con un contrato en el que se me proponía aceptar todo lo que vino después, sé que no lo hubiese firmado; y lo sé, y es absurdo que me lo niegue a mí misma. 
Sé que hubiese decidido ahorrarme el miedo, el dolor; sé que jamás hubiese arriesgado mi propia vida a una posibilidad tan baja de salir adelante. Nadie me dejó decidir de forma planeada qué iba a ser de mi vida, y sé que si lo hubiesen hecho, no sería quien soy hoy. Sé que jamás habría firmado un contrato donde hubiese heridas estipuladas, pero también sé que estoy orgullosa de llevar las cicatrices a mis espaldas. Sé que si hace cinco años me hubiesen permitido elegir un camino, no habría elegido el camino que me tocó vivir por azar, porque hay cosas en la vida que, simplemente, no se eligen. Sé que no hubiese firmado, sé que habría organizado las cosas de una manera más feliz, menos dolorosa, menos caótica y descontrolada.
Sé que jamás lo hubiese planeado así.
Y sé que no lo cambiaría por nada del mundo.

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