No hay amor si el guión no lo exige.

Él la miró con la mirada teñida de nostalgia. La lluvia seguía cayendo sobre ellos. Sus manos seguían unidas a la altura de la cintura de ella. Su respiración era pesada, pero al mismo tiempo, acompasada, igual que el latido de sus corazones. Ella cerró los ojos y él bajó la cabeza hasta rozar dulcemente sus labios con los suyos. Ella sentía que su corazón se le iba a salir del pecho.
Era como si todo el mundo hubiese desaparecido.
Sólo una vida juntos, un brillante futuro por delante.
Ningún transeúnte pasaba por la calle. Pero aún así, ninguno de los dos se extrañó cuándo un claro "¡Corten!" se extendió por la fría calle.
Se separaron de repente, y cada uno siguió su camino. Los técnicos apagaron la máquina de lluvia, y los ayudantes bajaron a la calle a retirar el decorado.
Pero nadie dudaría de su amor. Era tan real como cualquiera de los que nos rodean.

"No hay amor si el guión no lo exige".

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