Estoy sola.

Te levantas una mañana, y ves que nada es igual. Que todo ha cambiado así, de repente, y que ya no queda salida posible. Que la vida, te jode de mil maneras distintas, y que no te libras. Que tarde o temprano, siempre vas a acabar cayendo.
Estoy harta, de que todos piensen en que puedo hacer algo grande. No, no puedo. Ni quiero. Soy feliz como estoy. Vale, no. ¿A quién quiero engañar?
Pero qué más da. A nadie le importa si yo soy feliz, o no. No hay nadie que se preocupe de si yo tengo lo que quiero. Todos se preocupan porque YO consiga lo que ELLOS quieren. Pero esto es así, y siempre ha sido así.
Y seguirá siéndolo, por los siglos de los siglos.
Y poco a poco notas que el mundo tira de ti hacia abajo, sin que puedas hacer nada.
Y te preguntas qué demonios has hecho para merecerlo, qué has hecho mal. Y la respuesta es un eco, un eco de todos los errores que has cometido, que vuelven para recordarte que nunca vas a ser feliz.
Ahora, sólo te queda sentarte en un rincón, y mirar como el mundo se ríe de ti. Porque no eres buena. No eres buena para esta jodida mierda de sociedad que hemos creado. Una sociedad en la que si no eres lo que los demás quieren, no eres nadie, porque a nadie le importa lo que tú quieres ser.
El tiempo pasa, y ves llover. Y te sientes sin fuerzas. Necesitas que alguien te diga “No estás sola. Yo estoy contigo”, pero no. Nadie está ahí. Y te desesperas, y solo te queda llorar. Y esperar que alguien te abrace y te diga que todo va a ir bien.
Y ahora estoy aquí, sola, llorando mi propia desgracia.
Esperando que alguien me diga que no estoy sola, y que por una vez, sea verdad.
“Tu dolor y tu tristeza tiran de ti, y te ahogan en tus propias lágrimas”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario