Piensas, y siempre has pensado que podías vivir de la alegría ajena. Los demás te contaban tus historias de amor, y tú bebías de ellas como un condenado a muerte lo hace de la esperanza a un apagón.
Y sigues, y aguantas. Y te alegras por ellos, y crees que tu corazón puede aguantar. Y está lleno de recuerdos de otros, de alegrías de otros, de besos de otros.
Y cuándo te paras a pensarlo, tú no has vivido nada de eso. Estás perdida.
Y tu corazón, en vez de estar lleno de recuerdos felices, está completamente vacío.
Y lo que es mucho peor, roto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario