Y la realidad te golpea como un mazo, porque quién iba a decirte a ti que ibas a estar viva a estas alturas, ¡con todo lo que ha pasado! Pasaste tantos días (y tantas noches) de tu vida creyendo que no llegarías a ver uno más, que de repente te miras al espejo y todavía no crees la imagen que tienes ante ti. Eres tú, estás viva.
Estás bien.
Estás bien.
Suena extraño. Suena extraño cuando todavía tienes miedo de los trenes y las multitudes. Suena extraño cuando te fuerzas a mirar por la ventana en los autobuses para no ver toda la gente que te rodea. Suena extraño cuando se te hace un nudo en el estómago cuando oyes ciertas voces al otro lado del teléfono, suena extraño cuando tu corazón late más rápido al verle. Suena extraño cuando todas y cada una de tus pesadillas se centran en el momento en el que ya no estás bien. El momento en el que caes (otra vez) y fallas (otra vez) y mueres (otra vez).
Y entonces respiras hondo y miras alrededor. Sigues en la misma parada de autobús, rodeada de la misma gente. El cielo sobre la A-6 sigue siendo azul con vetas de nubes grises. Sigue haciendo frío y en tus oídos todavía suena la misma canción. Estás viva y te cuesta afrontarlo. Cada vez que sientes que se te para el corazón, cada vez que cometes un error, por pequeño que sea; duele. Cuando no puedes subirte a ese autobús, cuando no puedes escribir, o dormir; cuando sientes que no puedes seguir avanzando, el golpe te pilla por sorpresa y te derrumba.
La realidad te ha golpeado, y sientes el dolor del golpe hasta el fondo de tu ser; y de repente, eso lo significa todo.
Porque los muertos no sienten los golpes.
Me ha encantado completamente, de verdad. No tengo palabras para expresarlo.
ResponderEliminarMuchísimas gracias por esto, de verdad. Es una de las cosas más bonitas que podrías haber dicho.
Eliminar