La mañana del nueve de enero amaneció lluviosa y acompañada
de la noticia de un naufragio más allá del horizonte. Toda la población de la
bahía se congregó sobre la playa, mientras el mar mecía trozos de madera como
si de una cuna se tratase. Poco a poco, todos abandonaron la arena, dispuestos
a fingir la normalidad que les permitiría continuar con sus vidas. Fueron,
vinieron, se oyeron lamentos y palabras de ánimo, y cuando la noche cayó; sólo
una sombra quedó frente al mar, dispuesta a no moverse hasta comprender cómo
una vida podía cambiar tanto en un solo instante.
Y al final, sólo quedó el silencio.
Y al final, sólo quedó el silencio.
Y al final, Cate, nunca lo comprendí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario